Por: Isabel Cavelier, directora de visión de Transforma y asesora senior en Mission2020.

26 de junio de 2020

Publicada en Portafolio

Inversiones en tiempos de recuperación

Los bonos verdes soberanos pueden ser una alternativa de endeudamiento a menores tasas de interés.

En Colombia y en el mundo los inversionistas institucionales tienen la responsabilidad fiduciaria de contribuir a que la recuperación a la actual crisis económica y de salud planetaria sea resiliente, justa y sostenible.

Conforme pasamos de las medidas de rescate inmediato a la emergencia a las de mediano y largo plazo orientadas a recuperar la economía, las decisiones de inversión tienen el potencial de dirigir los flujos de capital hacia sectores que, además de fomentar el empleo, impulsen la transición hacia una economía baja en carbono y resiliente.

Que nos enfrentamos a una de las recesiones económicas más profundas en muchas décadas ya no es una novedad, ni una incertidumbre. Las proyecciones del Banco de la República estiman una contracción de entre el 10 y el 15% para el segundo trimestre del año.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) por su parte proyecta una contracción de la economía global del 4,9% en 2020,cifra que, aunque menor, va en línea con las proyecciones del Banco Mundial que hablan de un 5,4%, y las de la OCDE que afirman que será del 7,6%. Para Colombia, el FMI espera una contracción de 7,8%, mientras las otras organizaciones hablan de entre el 5 y 6%.

Lo que está por verse es si la recuperación económica nos abre la puerta al futuro que queremos vivir, o si agudiza la crisis de salud humana y planetaria que enfrentamos actualmente.

La movilización de inversión pública que veremos en los próximos meses es sin precedentes, y gobiernos alrededor del mundo están activamente buscando nuevas fuentes de capital para aumentar el espacio fiscal y destinar los recursos necesarios para la recuperación. Hace un par de semanas el Ministerio de Hacienda anunció inversiones en infraestructura 5G por USD $5,300 millones, y una deuda pública que superará el 65% del PIB este año.

Grandes inversionistas institucionales estarán en la mira para contribuir a soportar estas necesidades de capital que van en aumento, y tienen por lo tanto una oportunidad dorada en sus manos. Sus decisiones de inversión pueden poner en el centro los objetivos que nos permita recuperarnos mejor de la crisis. Hay por lo menos tres acciones concretas que pueden determinar el destino de nuestra economía – y de nuestro planeta:

Primero, como principales compradores en el mercado de bonos, pueden exigir a los emisores, tanto públicos como privados, que los términos de las emisiones incluyan criterios de sostenibilidad serios.

Aunque tradicionalmente los títulos de deuda pública no incluyan este tipo de características atadas a la emisión, en la última década la emisión de bonos soberanos verdes ha aumentado exponencialmente, incluyendo en América Latina, con resultados muy exitosos (tasas de interés más bajas y suscritos tres a cuatro veces por el enorme interés que suscitan en inversionistas internacionales).

Ante la reciente suspensión de la Regla Fiscal en Colombia, y en un escenario donde la calificación crediticia del país sea recortada por debajo del grado de inversión, los bonos verdes soberanos pueden ser una alternativa de endeudamiento a menores tasas de interés.

Segundo, como inversionistas de capital, pueden privilegiar los sectores que representan mayores oportunidades para la transición: aquellos que tienen el potencial de generar empleo, y a la vez de diversificar nuestra economía para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y acelerar la transición energética.

Aunque, en Colombia, el mercado es limitado y Ecopetrol suele llevarse la mayor parte del pastel por su tamaño, la situación actual es ideal para acelerar la transición. La petrolera estatal no está exenta de llegar a situaciones como la de BP, que hace algunas semanas eliminó hasta USD $ 17,500 millones de activos en el ajuste necesario ante las proyecciones de aceleración de la transición hacia una economía no fósil como resultado de la pandemia.

Es momento de privilegiar las energías renovables no convencionales, el turismo, la agricultura sostenible y el sector servicios, como buenas alternativas para buscar prosperidad.

Tercero, como accionistas en varias de las compañías más grandes y contaminantes del país, pueden exigir la adopción de planes de descarbonización, que incluyan metas de reducción de emisiones hasta llegar a cero emisiones en 2050 o antes, junto con metas de corto plazo cada cinco años consistentes con la trayectoria de largo plazo, atadas a las bonificaciones de los ejecutivos y en últimas a su permanencia en el liderazgo de las empresas. Esta ya es la tendencia que en gran parte ha sido impulsada por inversionistas institucionales.

No sólo el futuro está en sus manos, sino que es el deber fiduciario de los inversionistas institucionales el tomar acción concertada para impulsar una recuperación justa y resiliente. Los ahorradores que hemos depositado la confianza en ellos esperamos que las inversiones que se hacen con nuestro capital sean aquellas que protegen nuestro propio futuro, para que podamos llegar a tener una pensión en un mundo en el que podemos vivir con prosperidad – no un mundo vulnerable y en crisis.

Post Data: la era del carbón terminó. Los inversionistas institucionales que le siguen apostando a la expansión de termoeléctricas en Colombia parecen dinosaurios del siglo antepasado, y nos están defraudando.

Isabel Cavelier Adarve
Asesora Mission 2020 y directora de visión de Transforma